Paro Nacional 21N: Duque y Uribe nos declaran la guerra al pueblo trabajador colombiano

ATENCI[ON.png

 

Escrito por: Sandra Medina, 5/12/2019.

¡Atención, conciudadanos! Con la aprobación parcial en primer debate en Senado del proyecto de reforma tributaria y laboral, el martes 3 diciembre, el presidente Duque y su partido de gobierno, el Centro Democrático, liderado por Uribe, le declaran abiertamente la guerra al pueblo colombiano, en lo central, a la clase trabajadora y a la juventud laboriosa. Esta es la política cínica de escucha del alto mandamás. ¿De qué nos hablas, viejo? ¿Nos vamos a dejar? Después del 21N, está por verse la correlación de fuerzas de una lucha de clases como la que ahora vivimos.

A todo mal mandatario y al uribismo le está llegando su noche buena y punto final. Vivimos el derrotero histórico y disyuntiva del redoble marcial de campanas de la hora final de la burguesía global, llamada a ser sepultada por los trabajadores en un viacrucis por una nueva sociedad socialista o, en su defecto, la marcha mortuoria del triunfo de la barbarie con el perecimiento y degradación de la especie humana toda, debido a la crisis social y ambiental.

El 4 de diciembre de 2019 fue la tercera jornada de “paro nacional” (la primera el 21N, la segunda el 27N) impulsada por el Comité Nacional de Paro y un sinnúmero de organizaciones y miles de gentes del común que acudieron al llamado a la lucha. Aunque hubo una importante concurrencia en las calles de las principales ciudades (Bogotá, Medellín, Pasto, Cali, Cartagena, etc.) y receptividad de los transeúntes, trabajadores y los vehículos que pitaron, así como los cacerolazos nocturnos, es cierto que mermó la convocatoria. Se empieza a notar el desgaste, algo normal.

Lo claro y preocupante, pero previsible, es que el gobierno antidemocrático de Duque no está dispuesto a ceder nada ni a negociar de verdad, apenas unas mesas exploratorias y sectoriales. Una muestra de su cinismo es que está dispuesto a proseguir a marchas aceleradas la hoja de ruta del paquetazo y radicar la Ley Andrés Felipe Árias que avala al responsable del robo a campesinos, mientras habla de la concordia y de la Conversación Nacional que no es más sino una trampa y careta. Nancy Patricia Gutiérrez, Ministra del Interior (se rumorea que será reemplazada), en un tono en que se arroga la victoria gubernamental, escribió: “No pudieron, no van a poder”[1]. Y es que el gobierno nacional, el empresariado y el Congreso mayoritario, se la están jugando por infringir una derrota decembrina y desgaste al proceso social colosal e inédito, surgido con el histórico Paro Nacional 21N. Una expresión del tránsito a nueva etapa contradictoria y ciclo de protestas, luego de la desmovilización mayoritaria de la otrora guerrilla de las FARC-EP y otros correlatos sintomáticos.

Más allá del aspecto febril, la euforia de noviembre y la justa indignación juvenil, obrera, popular, además de la festividad decembrina, es momento de analizar con cabeza fría, pero con disposición redoblada de lucha y sed de victoria, los errores que hemos cometido el movimiento. En especial, el Comité Nacional de Paro, las dirigencias sociales y políticas, las multitudes movilizadas y los activistas. Igualmente, no resta sopesar y tener en cuenta los aciertos tácticos de Duque y sus errores, así como el estado común de la gente.

El Paro Nacional y las protestas sociales diversas de estos 15 días, a pesar de su descontento, no han conseguido prácticamente nada sustancial, es decir, revertir aspectos medulares del paquetazo gubernamental, motivación central desde el 21N. Aunque la burocracia y los oportunistas puedan llegar a decir a los cuatro vientos que se avanzó en algo, celebrar migajas y trampas, para no desmoralizar a la gente y autoconvencerse de mentiras, lo objetivo es que el paquetazo sigue como una aplanadora.

Al máximo mínimo del engaño y la demagogia se ha llegado. Uribe y Duque han cedido en un risible “3 días sin IVA”, para impulsar el comercio y la ganancia de las empresas. Se ha objetado (algo anunciado antes del paro) el artículo 44 del Plan Nacional de Desarrollo sobre los recursos educativos destinados a fallos en contra del Estado. Se ha propuesto disminuir en tres años de 12% al 8% y 4% (algo pedido por las centrales desde la era Santos) el aporte al pago a salud de cerca de una franja de un millón de pensionados (de los dos o tres que existen). También, se ha adelantado la reforma laboral, retirando los artículos 5, 6 y 7 del proyecto 212 de 2019 de Uribe y el Centro Democrático, reduciendo gradualmente la jornada laboral a 3 hrs menos (de 48 a 45 horas semanales), de fondo, buscando disminuir los salarios y flexibilizar las relaciones laborales, atentando a la vida de la juventud. Por si fuera poco, protocolos chimbos para el ESMAD, continuidad de uso de la munición letal y la escopeta calibre 12 con la que se asesinó a Dilan, cerrar filas en la defensa jurídica y política, pública y privada, del agente que tiró del gatillo. De lo que se trata es de la aplicación camuflada y descarada del paquete,  el decreto ley 2111 sobre holding financiero es una muestra, toda una declaración bélica de guerra social.

Una magnitud como la que ha tomado esta lucha social era para que ya hubiera avanzado mucho más de estas migajas, contrarreformas vendidas como reformas y promesas gatopardistas que prometen ser incumplidas.  Pero así como no existen ángeles perfectos –ni lo uno ni lo otro–, tampoco existen paros perfectos ni luchas sociales puras, lineales y ascensionales. Hay toda clase de reveses y nada es fácil de conseguir en esta vida, eso lo sabe muy bien la clase trabajadora. Pese a esto, esto no significa que ‘luchar no sirva’ y la visión errónea de que el 21N sea un “acontecimiento en que todavía no pasa nada”[2], que ‘parar sea una pérdida de tiempo’ y que ‘protestar solo genera frustración’, deshidratación, hambre, gripa, voz afónica y quemadas, molestias laborales y sociales, heridas físicas, etc. En cambio, lo que puede mostrar los límites del 21N son la crisis de dirección del movimiento y la desorganización, el déficit de concentración de fuerzas y capacidad de negociación frente al enemigo de clase, el gobierno corporativo de Duque, al servicio incondicional de los ricos nacionales y extranjeros.

Aunque la hipótesis de la derrota táctica y golpe esté planteado sobre la mesa y el enemigo logre ganar, por ahora, esta batalla, la ganancia cultural y social del 21N ya no podrá ser borrada tan fácilmente, pues ya nada será igual en Colombia. Independiente de su desenlace negativo o positivo, el movimiento habrá conseguido avanzar en cuestiones tales como:

Después de cuatro décadas, con el Paro cívico del 77 a cuestas y su renacer distinto el 2019, hay un aumento de la conciencia de sectores de masas, que se unieron espontáneamente y con cierta masividad. El hacer historia en la calle y emplear formas de acción combativas, creativas y continuadas, un hito o pico de lucha, no solo de paro nacional de un día sino protesta digna de más de un mes o menos. El desgaste político de Duque el cual tiene una desaprobación relativa del 70% (aunque la muestra de la encuesta Invamer es de apenas 1200 personas en 5 ciudades y distintos estratos[3]), lo mismo de Uribe y la burguesía, el régimen político en su conjunto y el modelo neoliberal, el temor de los ricos por el desbordamiento. La empatía social, el apoyo popular relativo y muy desigual al Paro (pues la propaganda anti-paro del gobierno, los gremios y los medios, sí que ha hecho mella, sobre todo en comerciantes minoristas, medios y grandes, y trabajadores que se han visto “afectados” en los trayectos), la sintonía con algunas demandas. El camino ampliado para la organización social y política, tanto reformista como revolucionaria.

Todas estas son muestras diáfanas del cambio contradictorio de una Colombia bicentenaria, la situación y la nueva etapa nacional, en que, al decir de un marxista italiano, lo nuevo tarda en aparecer y parir, lo viejo fenece y el claroscuro es la monstruosidad de la inclemencia del aparato de estado de los poderosos y el espíritu de resistencia de los de abajo[4].

Otro de los aspectos a evaluar son el localismo asambleario, barrial-sectorial y regional, el aspecto de festividad (concierto cultural “Un Canto por Colombia en la Calle” el domingo 8 de diciembre, con más de 17 grupos de artistas y 3 tarimas fijas, una móvil) y el petitorio ampliado (de 13 a 103 puntos sociales, de género, ambientales, raizales, étnicas y agrarias, paz, política, barrial, juvenil, etc.) y la noción de pliego a la ofensiva, que, para ser realistas y honestos, como máximo solo con un gobierno democrático de los trabajadores y una revolución permanente…democrática o socialista, como mínimo un proceso de resistencia social y radical revolucionario, como Chile, podrán disputarse y lograrse esas demandas. Ni un gobierno “alternativo”, petrista o fajardista, ambos capitalistas, lo lograrían plenamente, sino tan solo algunas poquísimas, parcialmente y a regañadientes, con movilización social permanente, presión e independencia de clase, como ocurre ahora en el pulso con Duque. La crisis capitalista mundial es inclemente y devora todo a su paso.

Si bien estas cuestiones (peticiones y formas organizativas) auguran la lucha y agenda por un nuevo país, la batalla estratégica por el cambio de régimen, una democracia no burguesa y espacio para una reconstrucción gremial de los de abajo y formas de participación democrática, se viene perdiendo el rumbo de la lucha concreta nacional contra el paquetazo nacional de Duque, todavía desconocido por amplios segmentos de la población y confundidos por los medios. Esto no es un juego, en ello se nos va la desmejora de la calidad de vida, la franca desigualdad social y la pérdida de derechos.

El responsable de esta pérdida de focalización es, en parte, la directriz política de la cúpula heterogénea del reformismo de centroizquierda del Comité Nacional de Paro (CNP), interesada en construirse en la coyuntura con una línea metodológica, bien intencionada o no, pero errada, acerca del triunfo del pliego y “continuidad” del movimiento, post-diciembre, así como la participación pedagógica con la gente y oportunismo electoral, ante la despolitización y el ataque mediático gubernamental.  La culpa no recae necesariamente en el accionar de los activistas honestos barriales, sectoriales, gremiales y políticos, que, junto a las masas, lo han entregado todo y merecen todo el reconocimiento estos héroes anónimos. Héroes como los que dieron origen a “la primera línea” colombiana de defensa de las protestas el 4D en Bogotá, emulación de Chile y Hong Kong, pero, sobre todo, de la guardia indígena colombiana. Iniciativas estudiantiles y juveniles que pueden llegar ser útiles en la lucha multimodal combativa (social, jurídica, política, etc.) y compleja contra el asesinato sistemático de líderes y lideresas sociales y excombatientes en Colombia. Por la defensa de las comunidades y sectores sociales, las libertades democráticas, ante la arremetida de las bandas neoparamilitares y criminales, grupos sicariales y la fuerza pública espuria.

El movimiento tiene que centrarse en arrancarle, sí o sí, reformas palpables al gobierno como forma de ir derrotando el paquetazo e ir consiguiendo resultados concretizados. Todo lo que no avanza, retrocede. En lo inmediato, hay que unificarnos por un incremento del Salario Mínimo Legal Vigente 2020 como rezó el volante nacional oficial y punto ocho inicial del Paro Nacional 21N: “Por un salario mínimo que permita tener una vida digna y cubra la canasta familiar”. Sería un triunfo democrático que se le impusiera un aumento a los empresarios y el gobierno, con el apoyo de la protesta.

También hay que unificarnos por el retiro y no aprobación de la nefasta reforma tributaria y laboral, por la disminución del IVA a productos de la canasta familiar (la reforma plantea devolver parte del IVA a los más pobres, vaya engaño asistencialista de subsidios totales de menos o más de 700 mil millones), frente a los planes de Duque en materia de exención tributaria a las empresas de 9 a 20 billones y gravar el salario de los trabajadores colombianos y su consumo, es decir, de las grandes mayorías.

Hay que golpear duro con un solo puño en estos dos flancos concretos en lo que resta del año e indispensablemente, la lucha por las libertades democráticas, la defensa y la no criminalización de la protesta, signados en el caso concreto y focalizado de exigencia de justicia por el asesinato de Dilan Cruz por el ESMAD, destitución inmediata y cárcel para el agente responsable[5].

Así sea cierto que la lucha de resistencia contra el régimen sea larga y de muy mediano-corto plazo en lo que resta del gobierno neo uribista hasta el 2022, la política pública del Congreso y el Plan Nacional de Desarrollo, no da espera. Si no se avanza, sufriremos una derrota temprana. Retroceso y golpe del que habremos de reponernos, pues en Colombia los trabajadores y sus aliados populares estamos acostumbrados a perder, pero ahora una franja cada vez más numerosa queremos vencer y cambiar este país.

Para finalizar, la democratización y el modo de funcionamiento de la negociación del paro. La Asamblea (Encuentro) Nacional en Bogotá que se llevará a cabo los días 6 y 7 de diciembre en la Universidad Nacional (Auditorio León de Greiff), puede ser una oportunidad para recuperar el rumbo con las cuatro propuestas unificadoras: aumento salarial digno, no aprobar la antipopular reforma tributaria, justicia por Dilan, destitución inmediata del agente del ESMAD, protesta de fin de año.

Hacer esfuerzos por un control democrático del Comité Nacional de Paro, de manera que pueda hacérsele un ultimátum de presión a Duque con una movilización de fin de año, que dé continuidad y cierre, para que las burocracias no se vendan este fin de año ni se plieguen a los dictámenes del gobierno y el empresariado. So pena de someterlas a un juicio popular como traidoras del histórico 21N, develar los partidos políticos a los que responden e impulsar una revocatoria democrática de su lugar en el Comité de Paro, en las Centrales Obreras, sindicatos y las organizaciones sociales.

 

¡Todos a la Asamblea Nacional, vinculante y deliberante, a continuar organizando la rabia e indignación!

 

¡Control democrático y democratización del Comité Nacional de Paro, no nos vendan ni traicionen el histórico Paro Nacional 21N!

 

¡Ningún acuerdo con el gobierno sin consulta popular, encuentro nacional o aval asambleario de las bases sectoriales en lucha!

 

¡No a las negociaciones secretas, que estas sean públicas!

 

¡Que el Comité y las Centrales sindicales hagan un ultimátum popular a Duque y exija un aumento salarial sustancial 2020, no aprobar la tributaria y justicia por Dilan!

 

¡Duque y Uribe nos declaran la guerra al pueblo colombiano! ¡Congreso corrupto! ¡Ellos frustran nuestro anhelo de vivir bien y en paz!

 

¡Este gobierno, y no el paro, está estropeando las fiestas decembrinas de las familias colombianas!

 

¡El diálogo de Duque es un engaño nacional!

 

¡Vamos a preparar un Paro Nacional Indefinido 2020 y finalizar con una protesta y resistencia activa de fin de año!

 

¡Si no derrotamos el paquetazo del gobierno, al dictado del FMI y la OCDE, el pueblo trabajador comerá más mierda!

 

¡Abajo el mal gobierno del Pdte. Iván Duque, que renuncie!

 

¡Cárcel a Uribe!

 

¡Uribismo, nunca más!

 

FOTICO21N.PNG

Foto: Arturo Larrahondo, 27 noviembre de 2019, Av. Caracas con Calle 72, Bogotá – Colombia.

 

Notas

[1] Véase los trinos realizados por la ministra el 30 de noviembre en su cuenta de Twitter @NancyPatricia_G, luego de salir de una reunión con el Ministerio de Defensa y diseñar una estrategia de desmoralización del paro y fortalecimiento del gobierno en nombre de la “democracia”.

[2] Véase el pesimismo ilustrado del artículo personal del filósofo Víctor Valdivieso, militante del PCC, El acontecimiento en el que todavía no pasa nada (3/12/2019), Fundación Walter Benjamín: http://fundacionwalterbenjamin.org.co/2019/12/03/el-acontecimiento-en-el-que-todavia-no-pasa-nada/?fbclid=IwAR1SQYbA9cAM9JlVIjge1C2dJD2UZKNIv2eWwXhQxxYo5L_DmfHTflquBQo

[3] Desaprobación de la gestión del presidente Duque llegó al 70% (4/11/2019), El Espectador: https://www.elespectador.com/noticias/politica/desaprobacion-de-la-gestion-del-presidente-duque-llego-al-70-articulo-894297?fbclid=IwAR2XJSY2SjHL7nZ4-9RSW5X-qsNPkwcThrgBVKNPR6aGhpWG4OCe3QRLf_w

[4] 21N: Nueva etapa histórica y ciclo de protestas sociales en Colombia (26/11/2019), Daniel Briceño, LIT-CI: https://litci.org/es/menu/mundo/latinoamerica/colombia/21n-nueva-etapa-historica-y-ciclo-de-protestas-en-colombia/

[5] Ante la represión y la criminalización: resistencia y organización obrera y popular (4/12/2019), PST Colombia: https://www.magazine.pstcolombia.org/2019/12/ante-la-represion-y-la-criminalizacion-resistencia-y-organizacion-obrera-y-popular/

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s