Estación Espacial Internacional, NASA y la lucha por el socialismo

 

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Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo, Salvador Dalí, 1943.

Por: Sergio Ch

(2/6/2016)

En 1970 la monja Mary Jucunda, radicada en Zambia en obras humanitarias, increpó a la NASA y su Director asociado, Ernst Stuhlinger, físico nuclear alemán exiliado en USA tras la Segunda Guerra mundial, sobre cómo sugerir que se gasten miles de millones de dólares en un viaje a Marte, en un momento en el que muchos niños mueren de hambre en la Tierra” (Quirantes, 2012).

Una década después, Carl Sagan diría en Nostalgia por el planeta rojo, de la serie Cosmos (1980): “La cuestión principal sería si las necesidades reales aún no satisfechas de muchos en la Tierra deben recibir prioridad [antes que el viaje a Marte]. Pero sin duda, esa debe ser una cuestión que debe ser dirigida a los presupuestos militares: actualmente de 1 billón de dólares al año en todo el mundo. Es mucho dinero…A la larga la importancia de tal misión, sería nada menos que la conversión de la humanidad en una especie multiplanetaria” (Sagan, 1980).

En un sentido similar, la banda de rock colombiana con influencias líricas marxistas, Aquí y Ahora, en la pista humanista de 2006 Canción de revolución, cantaban: “…Ya no más viajes a Marte / Calmar el hambre es mejor…” (Desconocido, 2006).

Se sabe que simpatizantes y cierta política de izquierdas, cuyo eje prioritario es la desigualdad social, suele ser recurrente dicha apreciación. No en vano el intelectual reformista y ecologista, Jorge Reichman, publicaría su obra provocadora Gente que no quiere viajar a Marte: ensayos sobre ecología, ética y autolimitación (2004).

Más reciente, en el 2011 el periodista español Michel Catanzaro, refiriéndose al simulacro de viaje a Marte (Mars 500) y la Estación Espacial Internacional, escribía: “Me preguntó…qué sentirá un astronauta al ver el planeta tierra en periferia, “el hábitat”, donde los primeros infantes en Ruanda, Etiopia, y Guinea mueren de hambre” (Catanzaro, 2011). El astronauta italo-colombiano, Diego Urbina, en compañía de un ruso, chino y estadounidense, participaron de dicho entrenamiento físico y reto psicológico.

Este año (2016), el divulgador científico estadounidense, Neil deGrasse Tyson, famoso por su serie Cosmos, una odisea en el espacio-tiempo (2014), dijo en una entrevista en el Festival Starmus:

[Q]uizás el próximo Einstein se está muriendo de hambre en Etiopía y nunca lo sabrás porque es un niño sin comida…Es una de las grandes tragedias de la actualidad, que no todo el mundo tenga la oportunidad de ser todo lo que pueden…Puede que destrocemos este planeta y que tengamos que irnos a vivir a Marte. Pero antes habrá que transformarlo para que sea como la Tierra y enviar a unos cuantos miles de millones de personas allí. Si tienes la capacidad de transformar Marte de esa forma, también puedes cambiar la Tierra para que vuelva a parecerse a lo que era. No hay necesidad de irse [prematuramente]. Puedes arreglar las cosas aquí antes que convertir otro planeta” (Domínguez, 2016).

Religión y arte. Política y periodismo. Ciencias. Pero sobre todo la opinión pública global, cientos de miles de ciudadanos honestos de varios países y diversas condiciones sociales coinciden, se han preguntado alguna vez, han apuntado a la misma crítica e irremediablemente muchos la seguirán haciendo a los círculos científicos y gubernamentales imperialistas de la NASA y la Estación Espacial Internacional (ISS), pues tal contradicción material del hambre/pobreza – carrera espacial todavía no está superada, no se puede soslayar el problema y probablemente sea irresoluble bajo un sistema de producción capitalista.

A expensas de lo anterior, en el 2016, casi 50 años después, el viaje espacial a Marte sigue avante, con muchos progresos –pese a que las probabilidades de vida en dicho planeta, sean remotas–:

La sonda Curiosity que arribó y tomó fotos y recolectó información importante (2011) y la nave ExoMars que despegó en marzo de 2016, que se espera arribe a su destino en 2020. A esta le precedió dos naves Viking de la NASA en 1975 que veíamos en la serie Cosmos de Carl Sagan, o la misión Mariner 4, que tomó las primeras fotografías del planeta rojo.

El lanzamiento del cohete SLS (Space Launch System) a Marte (2018), 4 veces más potente que los transbordadores espaciales estadounidenses y soviéticos que nos llevaron a la Luna (1968) y al espacio (1961).

Finalmente, el viaje tripulado de la nave Orión, impulsada con el SLS, para poder por fin poner un pie humano en dicho planeta, previsto para el 2030 o quizás se tarden más años/décadas, debido a contratiempos. Amanecerá y veremos qué acontece.

En realidad, la “especie humana” y la clase obrera mundial tiene frente a sí dos estrategias civilizatorias indisolubles e igualmente importantes y cruciales que signan su futuro y supervivencia:

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Primero, mientras sea habitable el planeta Tierra, construir una sociedad global terráquea que erradique la hambruna extrema, reduzca significativamente la pobreza extrema, articule una comunidad internacional que viva en paz y con los mayores niveles de democracia, bienestar integral y felicidad, con una mejor interrelación y equilibrio sostenible con el ecosistema y el uso de nuevas fuentes de energías no fósiles, renovables, y una tecnología responsable.

En una palabra, forjar el mejor o menos peor de los mundos posibles, que no es otro que el socialismo mundial, para otros, en términos del establecimiento capitalista, junto al neo y reformismo de marras reciclado, ese sistema fue, es y seguirá siendo, metafísicamente, el capitalismo, aunque “reformado” y más “humanitario”.

Segundo, dada la finitud realmente existente de la vida humana y natural en nuestro planeta azul, la estimación científica es de 1.750 y 3.250 millones de años, al menos si tomamos la variable natural de la temperatura del Sol con respecto a la Tierra, en la que esta se desintegre y mucho antes la vida de especies como el ser humano y otros animales.

Lo anterior si desechamos otros escenarios hipotéticos naturales y variables de signo más humano y cercanas, como el cambio climático antropogénico de 3°C grados más caliente a finales del siglo XXI por emisión gases CO2 y exponencialmente más caliente, más las guerras nucleares imperialistas y por recursos esenciales.

En efecto, el peligro hipotético, aunque parezca utópico en estos momentos, de una Tercera (y subsiguientes…) Guerra Mundial, cada vez más factible a largo plazo, tras la inestabilidad de la UE luego del Brexit en el Reino Unido, como la expoliación de los recursos y las contradicciones geopolíticas entre los capitales monopolistas de varios países de la OTAN en Europa del este y bloques comerciales, como el BRIC.

Estas contingencias signan la crisis civilizatoria y acortan a menos de 5 siglos (Stephen Hawking pone 600 años) o 2 y signan a su vez la finitud realmente existente del capitalismo como sistema que lleva 500 años de evolución histórica. Ello sin olvidar que en el siglo XX, la burguesía y su sistema recibieron uno de sus golpes más duros de transición de parte los obreros y los campesinos, por los 16 estados obreros existentes y el “Bloque Socialista”.

Por ello hay que desarrollar la tecnología al máximo humano y explorar otro planeta, “la conquista del cosmos”, diría el revolucionario marxista argentino, Nahuel Moreno[1].  En pos de proseguir con la civilización humana y sobrevivir, también en pro del desarrollo científico y la curiosidad del conocimiento, para conocer los confines y misterios del Universo físico, de la materia, la naturaleza en toda su belleza y complejidad, para entablar comunicación y contacto contradictorio contingente –no sabemos si amigable u hostil– con otras vidas inteligentes extraterrestres, sus sistemas sociales y de producción material.

Pese a no haber evidencias empíricas de su existencia, la probabilidad de vida es altísima, pues la ciencia e investigadores franceses del OSUG nos dicen que hay infinidad de galaxias y planetas en el universo observable (ecuación Drake, Paradoja de Fermi, etc), con sus soles como el Gliese 667C y sus 3 supertierras. También Próxima o Alfa Centauri y su próxima b, la más cercana a la Tierra.

Existen 160 mil millones de estrellas enanas rojas y miles de millones de planetas similares al nuestro (Varios, 2012), en condiciones u ‘zonas de habitabilidad’ (más de 35 planetas potencialmente habitables), de posible agua líquida y vida en nuestra Vía Láctea y otras cercanas, como la galaxia de Andrómeda. Algunos astros más cercanos a nosotros, otros más lejanos en años luz.

Se trata de ciencias y política imbricadas. Una estrategia no tiene por qué anular la otra, pues ambas son humanas. Se trataría pues de una falsa disyuntiva. En términos de la lógica, una falacia del tercero excluido pretender escoger entre la aventura al espacio sideral u optar por los problemas más urgentes y apremiantes de la Tierra, tales como el hambre y la pobreza, cambio climático, et.al, pero no ambos.

En realidad las dos son complementarias, dialécticas, una ayuda a la otra, sin anularse entre sí. Hay que poner los pies en el suelo y atender el oikos terráqueo en la lucha por el socialismo, la única salida realista posible, pero también hay que mirar a las estrellas y nuevos planetas, dada la finitud de los recursos de nuestro propio planeta y la sed de conocimiento humano, sobre lo desconocido.

La epístola “¿Por qué explorar el espacio?” (1970)  con la respuesta afirmativa y humanista del científico Ernst Stuhlinger, quien falleció en 2008, sigue teniendo vigencia relativa, pese al influjo de la Guerra Fría, que no sólo iba dirigida a la monja Hermana Jucunda, sino a todos las personas preocupadas por los problemas de los pobres y proletarios del mundo tales como el hambre y la desigualdad social, por la vida en otro planeta, la exploración espacial y nuestro futuro como especie. Por ello vale la pena volverla a ojear, en su defecto, leerla por primera vez.

Ahora bien, es sabido que el imperialismo, los amos del mundo de nuestros días, tienen una política especial perfilada de reacción democrática (para usar los términos de Nahuel Moreno) y ofensiva reaccionaria, de clase, utópica y pretenciosa, excesivamente optimista y calculadora, con variaciones tácticas e históricas, maniobras, para “tratar” estas dos estrategias humanas:

De un lado, la ONU, con sus 193 estados miembros, en su mayoría subdesarrollados, colonizados, capitaneada por Estados Unidos y las potencias más poderosas de la UE, el G8-20, buscan cumplir dentro de este sistema que ya bordea los 500 años e inicia el nuevo siglo capitalista con un triunfalismo sin límites, los 8 Objetivos del Milenio (ahora Objetivos del Desarrollo Sostenible) en necesidades básicas y aumentar los índices de desarrollo humano a niveles altos.

Buscan reducir cualitativamente las emisiones de CO2 y cambiar el rumbo del calentamiento global vía la sostenibilidad ambiental (“capitalismo verde”, Acuerdo de París 2015, etc).

Dar pasos agigantados en la reducción sustancial de la proliferación nuclear y armas de destrucción masiva, en pos de la paz y bienestar humano mundial de las Naciones, mediante tratados interestatales, políticas públicas y la cooperación internacional y los organismos multilaterales que dispone la ONU y los días internacionales conmemorativos.

Todo ello con un bagaje ideológico de democracia y derechos humanos, neoconstitucionalismo y paraísos de Estados Sociales y Democráticos de Derecho, para atenuar la contradicción del capital-trabajo y ser amortiguadores de modelos económicos neoliberales.

Ello con el fin de mantener los privilegios económicos del 1% y 30% de la población, la mediana y gran burguesía local, nacional e imperialista, transnacional, más la clase media alta, los explotadores euronorteamericanos que amasan un gran capital inconmensurable y dirigen la economía mundial y estados y la sociedad en su conjunto, para evitar/desviar la revolución mundial de los pueblos y los obreros y salvar en el largo plazo el capitalismo en el tercer milenio.

En los próximos 1.000 años, en el mediano plazo de 100 años de dominio imperialista (“Nuevo Siglo Americano”, reinado trinitario de US-UE-OTAN) y sus periodos de 10 décadas y anuales-semestrales, de sus respectivos países y regímenes capitalistas y gobiernos de turno en la potente lucha de clases librada, hasta el último de los días de la vida humana en la Tierra, el “Apocalipsis” (el fin del mundo humano).

Siendo entonces el capitalismo el mejor de los sistemas –o el menos peor, comparado con el stalinismo totalitario, según pregonan sus ideólogos  burgueses, como Francis Fukuyama y Raymond Aron, igual la conciencia atrasada de las masas– que está a la altura de todo el cúmulo de retos tecnológicos y científicos, aeroespaciales y políticos, en suma, civilizatorios, que demanda la especie humana y los pobres del mundo, en nuestro presente vivo.

Del otro, la ISS, con peso decisivo de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) de USA, tiene un presupuesto de investigación científica y proyectos de Exploración Humana, a los 8 planetas de nuestro Sistema Solar, la Vía Láctea y las demás galaxias, los más actuales:

Después de 5 años y 2.800 millones de kilómetros (19 veces la distancia Sol-Tierra), la misión Juno arribará a Júpiter este 4 de julio de 2016. En memoria de Galileo Galilei y el descubrimiento de sus cuatro satélites, entre ellos Europa (que se presume tiene océano líquido H2O y actividades de placas tectónicas, una misión JUICE iniciará en 2022). Esta misión con el objetivo de indagar la estructura del planeta y los orígenes de nuestro Sistema Solar. En ella participan la geóloga colombiana de la NASA, Adriana Ocampo.

Lo mismo la misión a Plutón del New Horizons, la nave Orión a Marte, con humanos astronautas a bordo. La exploración a los satélites de Saturno, Encelado y Titán, de parte de la misión Cassini-Huygens del 2004, en búsqueda de agua líquida H2O y vida.

La sonda Voyager 1 y 2 (1977) que siguen su rumbo en la heliosfera y el espacio interestelar, recopilando datos sobre los planetas y el espacio, a la vez que llevan y transmiten consigo los tesoros de la civilización, para comunicarlos con otras civilizaciones.

Los satélites como el Philae lanzados a cometas y meteoritos para la exploración de metales, para la industria capitalista y las empresas, la Misión de Redirección de Asteroides y el nuevo supertelescopio espacial, James Webb, 100 veces más potente que el Hubble, en fin, las próximas odiseas e investigaciones espaciales de años y décadas, tal vez siglos, según la lucha social de clases y la situación  natural planetaria.

A la par de estas exploraciones espaciales, el ISS y la NASA buscan que sus adelantos contribuyan a los problemas más inmediatos de la Tierra y sus habitantes en lo que respecta a las telecomunicaciones, la agricultura y biotecnología, los estudios climáticos y meteorológicos, las ciencias aplicadas en ingeniería y la técnica, I+D, las enfermedades y la medicina, etc.

Ambas prácticas espaciales, tienen como horizonte estratégico la búsqueda de vida y poder conquistar otro planeta. Asimismo, de adquirir conocimientos útiles, para proseguir con el capitalismo en otro lugar del Universo y en la Tierra, a imagen y semejanza del mundo humano terráqueo, con los héroes, personalidades y élites más reputadas y destacadas de la sociedad capitalista, en un sentido burgués eugenésico y oligárquico, aristocrático reaccionario. Para que ellos funden una nueva civilización en otro planeta y por lo pronto sigan mal gobernando la Tierra y perpetuando su dictadura y su existencia parasitaria, mientras dejan a la postre y explotan a los parias proletarios.

Es muy diciente que los ricos del presente financien proyectos de vida en otro planeta y filantropía reformista de “ayuda humanitaria” en la Tierra, programen turismo espacial a la ISS, más tarde a la Luna y a otros planetas. O bien gocen de la posibilidad de visitar los lugares vacacionales más paradisíacos de la Tierra, tengan acceso y financiación neoliberal a las maravillas de ciencia y la cultura, a costa de la miseria terrenal de la clase obrera, la plusvalía y los impuestos, la fuerza material de los países dependientes endeudados por la deuda externa y los sectores populares.

Los marxistas de la Liga Internacional de los Trabajadores (LIT-CI) y el PST colombiano, el movimiento socialista mundial y los revolucionarios de izquierda de muchas otras corrientes sociales y políticas, todos los progresistas y humanistas, los indignados del mundo entero, como activistas y voceros del cambio y reconociéndonos parte de todos los oprimidos y trabajadores del mundo, tenemos una política mucho más realista y opuesta por el vértice a la de estos “humanos” parasitarios.

Esta minoría insignificante gobernante y tiránica, de alrededor de 209 millones, pero muy poderosa, con 1/2.000 millones de sirvientes y aliados de la pequeña burguesía alta y las masas obreras, quizás más, quizás menos, con un apoyo pasivo y atrasado de las mayorías populares.

Esta clase social dominante constituye la negación fáctica y anticientífica, la traición encubierta a los intereses inmediatos y mediatos de mayoría de la humanidad, los 7.200 millones de habitantes, sus sueños y bienestar material, su proyecto civilizatorio de vida, los cuales para el año 2100 se estima que sean 11 y 14.000 millones de personas, el doble actual, según la ONU.

Hoy por hoy, hermanos terrícolas, trabajadores globales, los hechos refutan las aspiraciones demagógicas y engaños de las promesas humanitarias de los imperialistas:

Entre 1.000 y 842 millones de seres humanos padecen hambruna y subnutrición crónica, 1 de cada 8 personas en el mundo, la mayoría localizados en países explotados por el imperialismo, según la FAO.

210 millones de desempleados, según la OIT, también más de 200 millones de personas que viven en la calle, sin techo. 884 millones sin agua potable con 1.5 millones de muertes anuales, 15 por segundo, por enfermedades en niños, dice la ONU.  Adicionalmente, en 2050 cerca de 5.000 millones de personas vivirán en zonas de escasez de agua.

1.200 millones de pobres, que viven con menos de 1.5 dólares al día, 2.471 millones, con 2 dólares diarios, según el Banco Mundial. 781 millones de adultos y más de 175 millones de adolescentes, en estado de analfabetismo, según la UNESCO.

Más de 10.000 suicidios por la crisis económica en USA/UE, de los 800 mil suicidios por año, el 75% ocurre en países de baja renta.  30 millones de personas son esclavizadas, según la WFF.

1.300 millones de toneladas en alimentos son desperdiciadas, según la FAO, el problema del hambre es multilateral pero fundamentalmente es de distribución, no de escasez. Hay una sobreproducción de mercancias que son apropiadas y desperdiciadas por los capitalistas, pese a la sobrepoblación planetaria, en aumento desde la revolución industrial y para el 2100, con 11 y 13 mil millones de seres humanos.

60 millones de refugiados en el mundo, por las guerras y pobreza, 30.000 han muerto en la travesía. Reducción del 50% de 3.000 especies de vertebrados en 30 años, sin contar exterminio y especies en vía de extinción. Para el 2050, habrá más plástico que peces en el mar, según el Foro Económico de Davos.

Hay alrededor de 40 guerras imperialistas, conflictos armados internos y de baja intensidad, resistencias y terrorismo en el mundo, según la ONU y la OTAN. Estados Unidos cuenta con 7.680 ojivas nucleares, un gran poder de armas de destrucción masiva, sin contar todo el arsenal de la OTAN-ONU.

El incremento en 1 o dos siglos, según la NASA, de 1 metro del nivel del mar por derretimiento del hielo polar y glaciares, más el aumento de 3 grados del clima. Los impactos actuales en los últimos 15 años, con inundaciones, huracanes, zonas costeras, etc, que han dejado decenas de miles de muertos, damnificados y enfermedades infecciosas, según la OMS.

A estas “alturas del partido”, a los pueblos y trabajadores, artistas, científicos e intelectuales del planeta Tierra y todos sus países, imperialistas y semicoloniales, les decimos que no podemos permitir que el futuro de la civilización quede en manos de esos lunáticos capitalistas, en términos de la psicología científica, estos sociopatas, porque arruinarán y echaran a perder todo, o al menos, los logros espaciales y terráqueos no beneficiarán a la mayoría, serán antidemocráticos, sumamente defectuosos e inestables.

El capitalismo es un sistema que, a pesar de los adelantos tecnológicos, científicos y espaciales, el lujo arquitectónico de las ciudades y los shoppings, que vemos a diario, contradiciendo el sentido común, está objetivamente en una fase histórica de decadencia, por el peso y desbalance de sus fuerzas destructivas en comparación con sus fuerzas productivas. Una combinación contradictoria de crecimiento económico y etapas ascendentes de boom con continuos desastres. Es un sistema que se muestra incapaz de satisfacer las necesidades básicas, en índices altos e integrales de la mayoría de la humanidad y la vida animal ni de sostener un ascenso progresivo y equilibrio de la civilización, con la naturaleza.

La condiciones objetivas, históricas, para la Revolución Socialista Mundial, para un modo de producción no capitalista y, por lo tanto, para un salto cualitativo social y espacial están relativamente maduras, desde la Primera y, sobre todo, desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy, un siglo después y en este nuevo milenio, se exacerban y se agravan.

Sin embargo, las condiciones subjetivas, políticas, partidarias, de dirección, del Partido Mundial y Nacional de los Trabajadores, están a “años luz” de retraso, ya que no hay Internacional de los trabajadores y partidos políticos revolucionarios fuertes, no hay movimiento obrero ni de masas fuerte, tampoco una comunidad internacional de Estados, altamente cohesionada, por afrontar los avatares del futuro de la civilización.

Es en este desarrollo desigual y combinado, en que se decidirá la continuidad o no y el modo de extinción del capitalismo, lo mismo de la vida humana y su horizonte en colonizar otro planeta o perecer.

Hasta el momento la contemporánea clase de los capitalistas son victoriosos y nos llevan al abismo civilizatorio y la esclavitud. Esta correlación de fuerzas de las clases sociales de nuestro tiempo puede cambiar. Puede que estratégicamente venzan los capitalistas, puede que no y seamos en cambio los trabajadores los victoriosos. No hay determinismo histórico, etapismo idealista ni objetivismo triunfante en esta cruenta lucha de clases.

Ante esta dramática situación civilizatoria, consideramos más productivo, para conocer el Universo, buscar vida extraterráquea y garantizar al máximo la vida humana digna y natural-ecológica en la Tierra, lo siguiente:

La Estación Espacial Internacional y sus 15 miembros, funcionaría mejor, si se abolieran definitivamente las fronteras nacionales y sus trabas gubernamentales, como bien dijo Ernst Stuhlinger.

Si se federan los estados en base en un mercado económico común, como la Unión de Repúblicas Socialistas Europeas, la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina y Norteamérica, la Unión Africana Socialista, la Federación de Repúblicas Socialistas de Asia.

Si se construyese un fondo presupuestal común para la investigación espacial –mucho más rentable–, una entidad internacional única más eficiente y cohesionada con sus satélites –más allá de la NASA, la ESA– e instalación espacial humana mejor equipada y coordinada –la actual ISS, cuya estimación va hasta el año 2024– para la exploración humana del espacio, a la magna tarea de conquistar el cosmos y buscar otro planeta para vivir, paralelo a la solución de las condiciones materiales de existencia en la Tierra.

Hoy, tras constatar los recortes presupuestales a la NASA, de las administraciones imperialistas de turno de Bush y Obama y Congreso de USA, la que emerja en las elecciones presidenciales de 2016 (un Trump o una Clinton), igualmente, de las alianzas público-privadas e inversión privatizadora.

Asimismo, al confirmar el déficit de los recursos comunes de las naciones, de la UE, la ONU y los 6 continentes, para los viajes espaciales y la ciencia, dado que no hay una política efectiva de integración económica y un fondo común, pues se prioriza el PIB en gasto militar y las guerras imperialistas, tal como señaló Carl Sagan.

Los recursos económicos se destinan a la deuda externa y en salvar a los bancos, en tecnología, inteligencia artifical y robótica, nanotecnología, genética, etc, en pro del capital y las empresas y guerras, no del bienestar de la gente y el trabajo, como advierte S. Hawking.

En la competencia neoliberal y rapiña de capitales y las multinacionales, y las patentes, por encima del conocimiento y la salud pública, como advierte el científico colombiano, Rodolfo Llinas, la riqueza a costa de la depredación ambiental, etcétera, todos los secretos diplomáticos, gubernamentales e investigativos, que aún no son de conocimiento público.

Se necesita entonces un cese radical de “la anarquía económica”, como diría Albert Einstein en su texto valiosísimo ¿Por qué el socialismo? (1949). Cosa para lo cual se necesita de una nueva economía mundial, un nuevo modelo, de economía planificada, de industrias espaciales y nacionalización de la industria y materias afines, de comunicación y metalurgia, etc, nacionalizadas y federadas, en un mercado internacional.

Una reorganización tal que permita sanear la pobreza y el hambre, el cambio climático, el socialismo terrenal. A la vez que se realice esfuerzos mancomunados por desarrollar la investigación espacial a otros planetas y nos garantice al máximo dotarnos de una tecnología para emigrar estratégicamente a otro planeta, mucho antes de los próximos 1.000 años o 600 años, como apunta el catastrofista Sthephen Hawking, quizás decenas o cientos de miles de años más, no lo sabemos con toda certeza.

Hermanos terrícolas. Trabajadores y pueblos oprimidos. No debemos olvidar la herencia progresiva de nuestro pasado y nuestros logros revolucionarios. Es cierto: ya no existen los 16 estados obreros del siglo XX ni las ¾ partes de la geografía mundial con economía no capitalista, con la Unión Soviética a la cabeza, quién llevó por primera vez al espacio al hombre y tuvo un dinámico desarrollo aeronáutico y espacial, con sus más de 11 programas espaciales, en su mayoría exitosos y progresivos para el patrimonio del conocimiento científico común de nuestra especie.

“Estuvimos cerca” de superar el capitalismo, pero la clase obrera mundial fuimos derrotados y traicionados. Estos estados perecieron por la contrarrevolución imperialista en connivencia con la dictadura totalitaria del stalinismo, odiado con justa razón por las masas y los obreros del mundo, como lo mostró la caída del Muro de Berlín (1989). Ello dado que no estuvo a las alturas de la transición socialista mundial.

Hoy, ni China ni Vietnam, ni Cuba ni Corea del norte, ni Venezuela ni Rusia, son “países socialistas”, sino estados capitalistas con gobiernos poco democráticos, cada uno con sus particularidades de sus regímenes políticos. La clase obrera y las masas necesitan superarlos, al igual y por sobre todo a los reaccionarios gobiernos imperialistas yanqui y de la UE.

La historia sigue su marcha adelante. Prueba de ello es la Primavera Árabe de los últimos años. Las revoluciones que asolaron a América Latina en la década pasada. El tránsito al cese del conflicto armado de medio siglo en Colombia y la resistencia francesa de un par de meses.

A pesar de lo desfavorable de la etapa histórica de los últimos 25 años y en vísperas a celebrar y conmemorar el Centenario Mundial de la Revolución Rusa (1917 – 2017), la clásica revolución socialista de los pobres, dirigida por Vladimir Lenin y León Trotsky, seguramente no será el último Octubre que protagonicen los obreros y los pueblos[2] en el siglo XXI, nos deja una enseñanza invaluable para el siglo XXI en estos tiempos de crisis en que se debate la economía global (2007 – 2016) y el planeta:

Uno, que los trabajadores pueden construir su propio partido político revolucionario, nacional y mundial, un partido bolche de los pobres.

Dos, que los trabajadores y sus aliados populares pueden hacer revoluciones sociales y tomar-administrar democráticamente el poder de los estados federados, pueden planificar racionalmente la economía para el bien común de las poblaciones y el medio ambiente, pueden dirigir el timonel del barco civilizatorio y comunidad de estados para poder desarrollar las fuerzas productivas y construir transbordadores y hacer viajes espaciales, con lo mejor y más avanzado de la tecnología.

Hoy lo mejor de la tecnología que tenemos con la ISS y la NASA, otras entidades futuras, para realizar ambiciosos proyectos de exploración espacial mediatos y atención terrenal inmediata que garanticen nuestra vida digna y ecológica, aquí en la Tierra y en otro planeta, en la misión más importante que tiene por delante nuestra especie, nuestra clase social proletaria y nuestra generación.

Es hora de organizarnos y dar ese paso.

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BIBLIOGRAFÍA

Catanzaro, M. (14 de Febrero de 2011). Los astronautas del simulacro de misión a Marte bajan al planeta. Recuperado el 10 de Junio de 2011, de El Periódico: http://www.elperiodico.com/es/noticias/ciencia-y-tecnologia/20110214/los-astronautas-del-simulacro-mision-marte-bajan-planeta/727358.shtml

Desconocido (2006). Canción de revolución [Grabado por A. y. Ahora]. Bogotá, Colombia. Recuperado el 28 de Junio de 2016, de https://www.youtube.com/watch?v=duElnLH5tGk

Domínguez, N. (2016). “Quizás el próximo Einstein se está muriendo de hambre en Etiopía”. Recuperado el 2 de julio de 2016 de El País: http://elpais.com/elpais/2016/06/30/ciencia/1467281442_280683.html

Quirantes, A. (8 de Agosto de 2012). ¿Por qué explorar el espacio? – Carta traducida de la original de Ernst Stuhlinger. Recuperado el Junio de 28 de 2016, de Naukas: http://naukas.com/2012/08/08/por-que-explorar-el-espacio-carta-traducida-de-la-original-de-ernst-stuhlinger/

Sagan, C. (1980). Cosmos: cap. 5. Nostalgia por un planeta rojo. Recuperado el 1 de Julio de 2016, de Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=foPgmdPBsII

Varios, A. (28 de Marzo de 2012). Hay miles de millones de planetas habitables en la Vía Láctea. Recuperado el 01 de Julio de 2016, de Tendencias 21: http://www.tendencias21.net/Hay-miles-de-millones-de-planetas-habitables-en-la-Via-Lactea_a10903.html

NOTAS

[1] Véase la Actualización del Programa de Transición (1980). Tesis XL. Disponible en el sitio web: https://marxists.catbull.com/espanol/moreno/actual/apt_4.htm#t40

[2] A sus 90 años y próximo a fallecer, Fidel Castro Ruz, el último patriarca stalinista (es decir, gobernante burócrata) y que otrora fue un revolucionario latinoamericano antibatistiano, dijo en su última alocución congresual de 2016 (en plena consumación de la restauración capitalista en la isla cubana con el apoyo de USA y comandada por la familia y burocracia castrista), una hipótesis que los marxistas revolucionarios consideramos altamente probable, desde el punto de vista de las ciencias sociales y optimismo por un futuro obrero y socialista en el siglo XXI:

“¡Qué lección histórica! Se puede afirmar, que no verán transcurrir otros 70 años, para que ocurra otro acontecimiento, como la revolución rusa, para que la humanidad tenga otro ejemplo, de una grandiosa revolución social, que significó un enorme paso en la lucha contra el colonialismo y su inseparable compañero, el imperialismo”. Amén.

 

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